País natal

13,00 Impuestos incluidos

País natal es la obra más reciente del reconocido escritor Samir Delgado, consolidándose como un referente imprescindible de la poesía insular contemporánea. En este libro, el autor nos invita a un viaje sensorial a través de la geografía y el espíritu de las islas, donde la luz, el mar y el silencio se entrelazan para reconstruir la memoria colectiva. La obra destaca por su profundidad lírica y su capacidad para evocar el arraigo. La poesía insular de Samir Delgado trasciende fronteras, ofreciendo una visión universal del origen y la pertenencia.

Categoría:

Descripción

PAÍS NATAL
Samir Delgado
Madrid, julio de 2024
Colección Poesía, nº 95
78 páginas, 14 x 21 cm.
Rústica con solapas
ISBN: 978-84-127239-7-7
Precio: 13 euros (IVA incluido)

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POEMAS:
(extracto)

ISOFASE

LA CAÍDA EN PICADO de las aves
relampaguea el agua meridiana
de los pelícanos que dibujó Jackson Grayson
en 1869, de vuelta a un mismo atardecer.
En su rostro el estigma de la caravana
asaltada por los indios arapajó, lo ves
cruzando la ensenada, capa al viento.
Entre las palmas irrumpe una luna
nueva y propiciadora: hiela la cerraja,
socava lo oscuro, desparrama su blancura.
Como una claraboya de este cielo
propio al fin, entre los labios de Malinche.
Todos los recuerdos hacia la noche marina,
ajena a la duermevela de los campistas
de Manitoba, Nunavut y Saskatchewan.
Hay un viento que silba sobre la madera
de los cocoteros, rebota entre el palmeral,
enturbia el zacate verde de los senderos.
Dentro del mar un ciclón de vida reanuda
otras sombras, se repite acullá este maridaje.
A través de la luz del faro se sueñan islas.

*

CANOTIER

PIÉLAGO, MAR, CÁNTARO planetario.
Tiras de nuevo del azul, nudo de ballestrinque.
Con un rictus de bendición llegas a la orilla
que chapotean las hojas de palma.
Tomas las olas con los brazos abiertos.
Suena a lo lejos la tambora
de las tres de la tarde, sol mayúsculo
invernal, con brochazos de azul cielo
y cadmios postreros, la ventolera
salina se adentra en cada pulmón,
respirar íntimo de luces explayadas
y unánimes. Hay restos de hogueras silentes,
montículos de ceniza, bejucos y algas
que fueron candela de la medianoche.
Se dice que la marea alcanzó el zócalo
de casa y subió logrando el escalón,
la vecina de Ontario cruza de puntillas
el barandal, sorbe la incandescencia matriz,
asume para sí la mareta y el meridión,
la mudez peregrina del corcel que come
de su mano en el extralímite del manglar.
Ver así el Pacífico en su regreso a la plenitud,
como el gran acordeón de las músicas futuras.

*

CASITÉRIDES

El agua es lo que no tiene edad.
Jacques Darras

SER QUIEN OBSERVA desde el camarín
a la deriva, pleamar del entresueño.
Las regiones del azul marino cimentan
oros relucientes, cascadas de sal milagrosa,
haces apolíneos de candela unánime.
Desde el tumulto del agua la tierra firme
invoca duraciones primitivas, el reloj
del farallón acumula décadas y siglos.
El cristal colorea espumas y ribetes
a la inmensidad —cual sinfonía de Grieg—
en la punta del mástil ondea el símbolo frutal
de las arañas del fuego, el talismán herido
de la crepitación cósmica que miras
por el umbral de púrpuras y rododendros.
Al encuentro de la raíz cada sombra
desvanece el arenal de los días idos.
Ya es noche cerrada y la playa guarece.
Eres quien cierra el portalón y la escotilla,
la mano que lanza todas las llaves al agua.


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