Piscina del Oeste

13,00 Impuestos incluidos

Piscina del Oeste es un poemario contemporáneo esencial de Ágata Navalón que explora la resistencia humana frente a la rutina y el calor asfixiante de la ciudad. Dividida en 23 partes, esta obra sumerge al lector en la mente de una protagonista que encuentra en la Piscina del Oeste un oasis de ironía y esperanza frente a los sueños incumplidos. Con un prólogo de Rafael Camarasa, los versos de Navalón capturan la vida cotidiana de personajes olvidados, transformando un recinto deportivo en un escenario de profunda introspección poética.

Categoría:

Descripción

PISCINA DEL OESTE
Ágata Navalón
Madrid, agosto de 2024
Colección Poesía, nº 96
86 páginas, 14 x 21 cm.
Rústica con solapas
ISBN: 978-84-127239-8-4
Precio: 13 euros (IVA incluido)

* * *

POEMAS:
(extracto)

APERTURA

La ciudad es un sueño colectivo,
un por-venir siempre entre la grúa y sus habitantes,
agarrando fuerte los días con la pala, el cubo de playa y las conchas
que se pueden encontrar entre los escombros de las promociones de viviendas,
el carril, la bicicleta, un hueco donde aparcar.
Los coches son testigos fijos como las cámaras omnipresentes.
Los niños corren, gritan, ríen en cualquier lugar,
también en los parques sucios con sus palomas grisáceas de polvo.

La ciudad es vida entera de destino,
ciudad que mancha sangre junto a mi sangre que también derramo,
me agacho y la recojo, llevo una bolsa de plástico verde,
como las que llevan los dueños de los perros,
hombres y mujeres que aman perros.

Yo amaba la sangre que expulso ahora,
la amaba, la he amado, creo que ya no la necesito y se me cae.

No quiero manchar mi ciudad con mi sangre.

No quiero mancharte a ti, hombre al que creo que amo con mi sangre,
y rezo para conjurar una fórmula que cambie este hecho y en la que se pueda leer que no hay hemorragia perpetua.
Entre las grúas y los perros,
los balcones de ladrillo y el agua que expulsan los cuerpos
sentados en las sillas de plástico,
los muslos pegados a la ralladura manchada de alioli, y los aparatos inteligentes sobre las mesas.
Están también los hijos de la sangre que hilan
futuras hemorragias y se agarraran a las ventanas

de los séptimos,

con bailarines colgando en el ruido
de esta ciudad que hierve.

Vidas salpicando a 45 grados entre ruedas de monopatín y pasos de cebra.

Los semáforos se sienten ángeles e iluminan el camino
de asfalto tatuado de gomoserrina y colorante,

líneas de vida urbana,

entre los contenedores de reformas y las superficies enceradas.

¡No te escurras!

Esta ciudad es una pista de patinaje sin hielo.

No es tan difícil porque al final siempre te quedarán los veranos y la Piscina del Oeste.


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