Perros que cantan

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Jorge Solís

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Descripción

Perros que cantan
Jorge Solís
Madrid, mayo de 2019
Colección Poesía, nº 34
112 páginas, 14 x 21 cm.
Rústica con solapas
ISBN: 978-84-120174-3-4
Precio: 12 euros (IVA incluido)

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EL LIBRO:

(Presentación de Antonio M. Figueras)

“A veces hasta sobran las palabras cuando se trata de hablar sencillamente de amor”, cantaba Braulio en el tema con el que concursaba España en el Festival de Eurovisión de 1976. Faltaban todavía 15 años para que Jorge Solís viniera al mundo, por primera vez, en Cáceres. Porque este libro, “Perros que cantan” (El Sastre de Apollinaire), va de la palabra. Palabra de Dios o de poeta. Que no es lo mismo, pero es igual (Silvio Rodríguez dixit). Metapoesía. Porque la poesía es la vida y la muerte y viene con sus ojos. “Parole, parole”, como cantaba Mina (yo prefiero la versión con Adriano Celentano) y ese verso que sin duda se estaba refiriendo a este libro, porque todo está escrito y a la vez los días son una página en blanco, con papel verjurado a veces, sin gramaje, otras: “Ecco il mio destino, parlarti, parlarti come la prima volta”.

Porque la poesía, a veces, no se queda en monólogo (del Club de la Comedia o de Shakespeare). Solís dialoga con sus ancestros, poetas de otra época, de estos momentos y también con algunos que aún no han aparecido por este siglo. ¿Y cómo lo hace? Se mira en el espejo, pero luego lo atraviesa. Borges le guía como lazarillo en ese viaje oblicuo a las palabras del pasado. Alicia y Lewis Carroll le siguen a una prudente distancia, por si necesita avituallamiento moral, las claves para descifrar lenguajes de otro tiempo.

Con honradez impropia del gremio de la poesía, Jorge nos ofrece su lista de la compra con los nombres de aquellos con los que habla a través de este libro. De ellos voy a citar solo a algunos: Vicente Aleixandre, Anna Ajmatova, Jorge Luis Borges, Raymond Carver, Catulo, Cavafis, Luis Cernuda, Paul Celan, Cummings, José María Fonollosa, Jaime Gil de Biedma, OsipMandelstam, Juan Carlos Mestre, Pablo Neruda, Leopoldo María Panero, Cesare Pavese, Fernando Pessoa, Rainer María Rilke o José Ángel Valente.

Y unos versos para empezar:

yo que creí que la poesía era palabra
yo que creí deseé soñé
la palabra
escucho ahora el anochecer sobre mi rostro
sobre tu rostro
Nos escucho ahora vivir
Te escucho. Y no oigo nada
salvo en mí.
eres completamente toda verdad

“La palabra es una refracción de lo que ha desaparecido”. Esto, que es un verso del libro, de Paul Celan, da la contraseña de cómo se transparentan las cosas, qué te puedes encontrar al otro lado del espejo, del cristal o de las gafas. Siempre hemos pensado, gracias a la física, que la reflexión de la luz permite verte tal cual eres en un espejo porque el ángulo que forma el rayo incidente con la normal es igual al ángulo que se forma entre el rayo reflejado y la normal. La reflexión ocurre en el mismo plano y que la normal siempre es perpendicular a la superficie reflectante. ¿Pero y si la poesía demostrara (hasta donde se pueden demostrar ciertas cosas) que la imagen que devuelve el espejo en realidad es una refracción: que la luz cambia al pasar a otro medio y lo que vemos es una verdad muy matizada?

Más poesía:

He cerrado los ojos para ver con certidumbre
habla
hablemos ahora los dos
que tengo los ojos cerrados
y el silencio del mundo
habla
hablemos
antes de que las voces digan
lo que decimos
habla
hablemos los dos
en silencio
como siempre hicieron las palabras.

Palabras, palabras. “Words don’t come easy”. Palabras más, palabras menos. Poca broma. Hay que ser muy cuidadoso. En 1997, José Ángel Valente, uno de los poetas de referencia de Solís le dijo a un entonces joven periodista (o eso se creía él): “Un día seré abandonado por la palabra, como le sucedió a Moisés”. Y claro que fue abandonado. Murió tres años después. Bien sea por la muerte o por la vida, la poesía nos da la palabra, pero también nos la quita.

Una cita que usa el poeta ilumina lo que ha querido decir en este libro:

He hecho un largo descenso a la Nada
para poder hablar con certidumbre. No
hay más que la belleza —ésta solo tiene
una expresión perfecta: la Poesía. Todo lo
demás es mentira.

Stephane Mallarmé

Otra cita, esta de Machado, Antonio, el bueno, nos da luz, más luz, sobre las costuras de “Perros que cantan”: “Pero, además, ¿pensáis —añadía Mairena— que un hombre nopuede llevar dentro de sí más de un poeta? Lo difícil sería lo contrario, que no llevase más que uno.

Pues sí, Jorge es lo que algunos llaman intelectual. Ah, se siente. Este poeta no es facilón. ¿Culturalista? Sí. A mucha honra. Y lo digo para los bocachanclas que no supieron ver lo que aportaron los novísimos. Es pop, muy pop. Jorge prefiere lo sublime, una de las muchas caras de la realidad. Yo me quedo para terminar con esta frase, esta definición de lo que son las cosas: “El azar inamovible de los labios”.

El resto, queridos míos, hipócritas lectores, es silencio.