Elige todo

14,00 Impuestos incluidos

Elige todo es la esperada novedad del poeta David Fraguas. Esta importante pieza de la poesía contemporánea invita al lector a un recorrido emocional que transita desde la vulnerabilidad del ser hasta la fuerza de las revoluciones. Con referencias que van desde Marilyn Monroe hasta los clásicos griegos, Fraguas construye un universo donde lo cotidiano y lo eterno convergen. Un libro imprescindible para los amantes del género que buscan una voz auténtica, profunda y conectada con los latidos del siglo XXI.

Categoría:

Descripción

ELIGE TODO
David Fraguas
Madrid, febrero de 2026
Colección Poesía, nº 109
94 páginas, 14 x 21 cm.
Rústica con solapas
ISBN: 979-13-991429-3-8
Precio: 14 euros (IVA incluido)

* * *

POEMAS:
(extracto)

EL SECRETO DE LA FELICIDAD

El 6 de agosto de 1962 —día de la muerte de Marilyn— el presidente de los Estados Unidos de América bebe Coca-Cola.

Liz Taylor —en los ojos, el brillo de Cleopatra— bebe Coca-Cola.

Joe DiMaggio, Bobby Fischer y la Thatcher —la Thatcher, la mismísima Margaret Thatcher, impasible en su despacho del número 10 de Downing Street— beben Coca-Cola.

La mujer que arrastra un carrito de supermercado, lleno de ropa vieja, en las calles heladas de Nueva York, bebe Coca- Cola.

Stalin, Pinochet y Mao Zedong beben, frente a un jardín en llamas, miles, millones de botellas de Coca-Cola, botellas frías, simétricas, perfectas, dispuestas para saciar su insaciable sed.

Jerome Salinger —operario de la General Electric, 42 años, natural de Marion, Alabama— bebe Coca-Cola, vacía de un trago, de un largo y glorioso trago, una botella de Coca-Cola.

Andy Warhol y la princesa Diana beben Coca-Cola.

Marilyn Monroe —las mejillas con lágrimas de rímel, los ojos hinchados de vivir, hinchados de llorar— bebe Coca-Cola, bebe una Coca-Cola tras otra, como una autómata, como alguien que sabe que lo ha perdido todo, que ya lo perdió todo mucho antes de tenerlo todo, bebe hasta que una montaña de botellas de Coca-Cola rodea su cuerpo, entierra su cuerpo, su cuerpo frío, desnudo, tan hermoso.

Todos, todos beben Coca-Cola, miles, millones de botellas y latas vacías de Coca-Cola inundan los océanos.

Todos, todos, como si ello nos hiciera un poco menos infelices o le aportara algún sentido a nuestras vidas, bebemos Coca-Cola.

*

CANCIÓN DE CUNA

El código penal estalinista, en su artículo cincuenta y ocho, sección uno, decreta que los familiares del traidor —por acción contrarrevolucionaria— sean condenados a cinco años de exilio en Siberia.

La ruta a Kolimá, la M56 —la carretera de los huesos—, atraviesa Siberia: más de dos mil kilómetros, de Yakutsk al mar de Ojotsk.

La nieve como un manto que bendice la tierra, como un rumor de bosque que cesa de repente.

Una canción de cuna, un adagio sin música —suspendido en el tiempo— que tararea un coro de fantasmas.

La luz de Kolimá desgarra el horizonte, se hunde desubicada en el vacío.

La soledad parece insoportable.

Se escucha una sirena de ambulancia.

Pero el sonido viene de muy lejos, de una noche en Los Ángeles —año 1962—, de un sueño en las afueras de todos los veranos.

No hay pájaros —pinzones, petirrojos— en las ramas heladas de los árboles que flanquean la noche en Kolimá.


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