Poemas de la galerna

12,00 Impuestos incluidos

Gontzal Díez

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Descripción

POEMAS DE LA GALERNA (y otros textos inéditos)
Gontzal Díez
Prólogo de Amalia Iglesias Serna
Madrid, julio de 2018
Colección Poesía, nº 24
100 páginas, 14 x 21 cm.
Rústica con solapas
ISBN: 978-84-947249-3-0
Precio: 12 euros (IVA incluido)

* * *

EL LIBRO:
(extracto)

VELÓDROMO SIMPLE

El día de la hiedra se está extinguiendo.
(James Joyce)

El día de la hiedra se está extinguiendo;
un aire de anécdota vespertina, perfil fugaz
enredadera y un verbo extraño de esquivas
aristas nombra a duras penas un margen blando.

La piel de la noche se aquieta en la herrumbre.
Escribo ahora tu olor de helecho encanecido,
el día de forma antigua resbala entre posturas
y aguas deformes con un ardid de pájaro en la marea.

*

RITUAL

Tu sed sólida de icono traiciona
el rito confuso del invierno.
Aun cuando el torso de lobo
recorta la silueta densa en la noche,
iluminas el rictus de los ríos.

Un vaivén de orujo te posee
alimentando horrores, y te incita
decorosamente
a levantarte los
tapices.

* * *

(del prólogo de Amalia Iglesias Serna):

Gontzal Díez falleció el 12 de junio de 2013, a los 52 años. Era un poeta y un hombre comprometido con la cultura desde muy joven. A comienzos de los años ochenta, cuando lo conocí en Bilbao, ni siquiera habíamos cumplido los 20 y él ya formaba parte de los miembros fundadores del grupo poético «Poetas por su pueblo» y de la revista Zurgai, que llegaría a ser una de las decanas de la poesía española. En torno a ese grupo maduró nuestra amistad de muchos años, en aquel Bilbao tan suyo, su ciudad, en la que nació y a la que regresó a morir, tan presente en sus poemas. Una ciudad hecha de poetas, el Bilbao de Larrea, de Unamuno y Blas de Otero, de la que Gontzal fue uno de sus mejores embajadores poéticos. El trabajo le llevó durante veinte años a Murcia, una ciudad que supo también hacer su ciudad («Podemos pertenecer a muchos lugares», escribe). Lugares donde todavía podemos pensarle.
Gontzal dejó dos libros inéditos: el último que escribió, Zaguán del cielo —que tuve también el privilegio de prologar—, que se publicó en 2014, al año siguiente de su muerte, y éste que ahora llega a la imprenta y que es el primer libro que Gontzal escribió con veintipocos años o, al menos, el primero que presentó a un premio (según él mismo confesaba), en 1986.
[…]
Volvemos a abrir ahora este su primer libro para comprobar que en él ya esté en sazón la semilla de toda su poesía: poemas póstumos, Poemas de la galerna, que, por fin, dejan de ser inéditos. Un libro cuya calidad ya fue en su día revalidada por el jurado que le otorgó el Premio Euskadi Alonso de Ercilla, integrado por Rafael Conte, Bernardo Arrizabalaga, José Luis Merino, José Monleón y Fernando Savater. Un jurado que destacó la madurez del libro y su poética muy culta. Esta publicación viene ahora a reparar una injusticia poética. Este libro, que debió haber sido publicado hace 32 años, no ha perdido en ese tiempo ni un ápice de su fuerza poética, porque, como toda gran poesía, es intemporal y universal. Y lo digo desde el convencimiento de que es, además, una gran aportación a la poesía de nuestro tiempo. Releerlo me ha hecho recordar otros libros póstumos que ya forman parte de la historia literaria como los Poemas humanos de César Vallejo, o los poemas póstumos de Paul Celan, y también a algunos autores que prácticamente no publicaron nada en vida y hoy son imprescindibles en cualquier canon como Emily Dickinson o Franz Kafka. Ojalá este libro sirva para conocer mejor la poesía de Gontzal, además de reparar esa deuda de varias décadas y restituir su obra al lugar donde siempre debimos pensarla.