Varillaje

13,00€ Impuestos incluidos

Varillaje constituye una muestra destacada de la poesía contemporánea firmada por el autor asturiano Enrique Serrano Meana. Este volumen recopila textos donde el tiempo, la memoria, el amor y la condición humana se articulan mediante un riguroso ejercicio lírico y reflexivo. A través de sus páginas, la escritura transita por un espacio de introspección atemporal que caracteriza esta propuesta dentro de la poesía actual, ofreciendo al lector una lectura profunda y sugerente.

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Descripción

VARILLAJE
Enrique Serrano Meana
Madrid, septiembre de 2026
Colección Poesía, nº 115
62 páginas, 14 x 21 cm.
Rústica con solapas
ISBN: 979-13-992118-1-8
Precio: 13 euros (IVA incluido)

* * *

Varillaje es un libro de poemas vertebrado en la arquitectura de un objeto cultural y simbólico, el abanico, cuya estructura sostiene y a la vez posibilita la apertura del sentido.
A partir de su historia y del lenguaje gestual inherente, el poemario recorre un territorio en el que lo material y lo sim- bólico se entrelazan de forma constante.
Los poemas despliegan una escritura de alta densidad connotativa, atravesada por imágenes sensoriales, naturaleza líquida y una voz poética que explora lo íntimo desde lo mínimo y lo desplazado.
Leer Varillaje es entrar en un sistema de pliegues: cada poema dibuja un espacio de resonancia donde lo dicho nunca se agota en lo literal, y donde el lenguaje, como el abanico, siempre sugiere más de lo que muestra.

FERNANDA GARCÍA

POEMAS
(extracto):

Un rostro envejecido,
algún hueso insolvente,
una arruga en el ojo, casi bella,
o disponer de una memoria con recursos,
son algunas razones para asumir el tiempo.
Ese tiempo, inestable, que me ha permitido
llegar hasta vosotros como un hombre desnudo,
alejado de las viejas costumbres,
y a la vez como un niño con restos de salitre.
En realidad, hay vida si se juntan.

Hoy rehago mis muros de antiguos compromisos,
selecciono palabras que voy depositando
en papeles de luna a la luz de un poema,
cuento historias de amor, mientras paseo,
o regalo abanicos al terminar el día.
Conozco bien las tramas de este soliloquio.

Solamente después, mientras el mundo
duerme sus fatigas, me imagino perfume,
humedad en la lluvia, expansión en el trueno.
¿Acaso no fabulan el niño y el poeta?

Hoy sabrás que mañana ya te amé.
Sabrás que ya te amé, pero mañana.

*

Se empleaba el abanico para saludar, y sobre él colocaban regalos que hacían a sus familiares y amigos [Japón antiguo]

Te saludo, mujer, y te respiro.
Este momento dulce de acariciar tu bosque
en las faldas del Fuji mientras mimo
tu piel con mi holocausto.

Yo soy el prisionero, el condenado a muerte
que la justicia ahoga con raciones de aire.
Tú eres la que baila, la que finge el desnudo,
la voz que crece en mí al otro lado de la llave.

Démosle, entonces, vida a quien nos ama.
Y demos vida, también, al shogun que apacigua
este mundo desde un reloj de arena.

Si, verdaderamente,
hubiese paz en las manos del hombre,
¿con qué honra se podría detener
la noble ejecución de este abanico?

*

A veces me sorprendo como fuera de mí
cuando escucho tu voz y me dejo llevar
por las formas del beso que dibujan tus labios.
A veces me conformo y pienso que la vida
me convierte en violín, que la música llueve
muy fina entre mis dedos, que el día se distrae
perdido entre las flores y me tocas.
A veces me enveneno con tan solo mis lágrimas
al pensar que un silencio se parece al olvido
cuando el vaho te oculta y empaña los cristales.

Y no encuentro destino para mis días locos.
Y no encuentro postura que me endulce la noche.
No encuentro esos bolsillos, con olor a manzana,
en donde recogía las vidas de una tierra,
las canciones del búho, las lunas inventadas,
el placer de la magia al calor de un invierno.

Yo quiero ser de nieve para no estar de luto.
Y quiero ser doncella luciendo un abanico.
Y quiero ser paseo, y verano también,
y estar siempre de boda, y ser maleta y viaje.

Qué día tan hermoso cuando, sin decir nada,
me convierto en promesa de aquellas que se cumplen.
Y qué huella tan suave la de tu pie izquierdo.

Mi ventura es seguir el ritmo de tus pies,
sustraer mis zapatos al barro del camino
para que nadie diga que los sueños son cortos,
o que este mar no es libre de acercarse a tu orilla,
o que después de amar hay que perder el miedo.

Hoy supe que los hombres, contrarios al albatros,
pueden irse muy lejos sin recorrer distancias.
Me imagino ese instante en el que todo vuela
a través de una historia que cambia por segundos
de tu piel a la mía y viceversa.

Mis ideas comparten la rapidez del rayo.
Mis palabras empiezan donde acaba la sombra.
Los sueños en que muero son porciones risueñas
de un aire comprimido robadas a la vida.

Hay agua en los estanques porque tú la recoges.
Hay poetas delfines a la espera de un mar.
Hay senderos vacíos que intuyen la batalla
y veranos ardientes en cualquier corazón.
Seguro que el otoño repartirá su juego
cuando el lobo acaricie la piel de la paloma.

Y allí,
donde todos los nortes se acaban sin remedio,
encontrarás la sombra de los que nunca cruzan
más allá del azul con sus banderas.
Huye entonces, mujer, de las palabras frías.
De aquellas que no tienen varillaje.