La canción de Esther

13,00 Impuestos incluidos

Miguel Ángel Serrano

Categoría:

Descripción

LA CANCIÓN DE ESTHER
Miguel Ángel Serrano
Madrid, noviembre de 2025
Colección Poesía, nº 105
70 páginas, 14 x 21 cm.
Rústica con solapas
ISBN: 979-13-990130-9-0
Precio: 13 euros (IVA incluido)

* * *

EL LIBRO:

Si en Un presagio el poeta se fundía, en los caminos, con el espacio natural, místico y mítico de Castilla y León, y en Lobos del olvido, el adulto se encontraba y era interpelado por el niño que fue, en La canción de Esther, Miguel Ángel Serrano propone una indagación sobre la posibilidad de ser en dos y una mirada, que intenta ser lúcida, al “desconcierto de sentir lo justo de la dicha”. No hay tantos temas que tratar, y perder el tiempo con pequeñeces está en el lado opuesto de lo que el poeta debería intentar.

POEMAS:
(extracto)

DÍAS DE HORMIGA

Que lo último que bañe mis ojos
sea la brisa húmeda que de tu boca
asoma, y suene un himno y trinar,
tornado en olor de mar alzada.

Que lo último que a mi mano alcance
venga de tu mano y tu alegría
y mi alma se inunde fresca
de tu risa, tu palabra en ciernes.

Sea lo primero que el día espere
el descanso en tu sueño rebelde
y en la esencia de miel en vaharadas.

Y el sonido sea quedo y me
obligue a escucharlo, a prestar atención
y apuesta de mañana y vida.

Que ambas se abran
en caricias y el tacto leve
de tus labios y esa expresión de
desconcierto por sentir lo justo de la dicha.
Y el cielo bajo.

Entre lo seminal y cierre,
en el arco del día, en nuestro carro,
síganse las fechas como notas
de lo que siempre resuena:
la canción de Esther, pues te he encontrado.

*

LA SIERPE OLVIDADA

Termina, decía siempre madre
al verme distraído en la tarea
que acompañara el día.

Pero era presentir los destinos
del mundo, los viajes, el aroma
de cúrcuma, raíz y unto.

Era imaginar de vida,
torpe dibujo, confín roto
del muro del patio.

Era levitar con la cara al frente,
las gafas parabrisas de vuelos
intercontinentales, la palabra larga
como el mismo trayecto.

Lanza de la mirada
y más lejos, azagaya el deseo
de romper el cuaderno,
regiones y provincias,
Sofía, capital de Bulgaria,
la prueba del nueve y
la regla de tres:
quería yo aventurarme solo.

No sabía entonces que era
eso ocasión para encontrarme
conmigo, tras la vuelta al mundo
al pasar un cortinaje.

Y habría sido así,
y así ha sido, en la vuelta a la casa
imaginada y negada.
Cálido acomodo de los sábados.

Y esperaba, ya lo he dicho.

*

DE UN GRIFO DORMIDO

Dónde están los nuncios,
el presagio desnudo,
los lobos del olvido,
la consecuencia,
la mano hundida,
letanía del barro,
el desánimo en proyecto
o la sospecha.

Lo que intentaba atraparnos,
nuestro propio furor,
la prístina amenaza del filo
brillante o la trocha
que iba cerrando su promesa.

Quedan lejos y no en el recuerdo,
más en una capa del ojo,
oculta y tal vez a la espera.

O quizá se han ido,
como el aroma del fuego
tras la lluvia, los pasos de muñeca,
el balanceo triste de aquel tren.

Todo lo que queda es luz y arrojo,
vista al frente, tu impulso, el mío
y el brillo impactante del mar.

Siempre al Norte hay viento nuevo.