La densidad de los espejos

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Manuel Rico

Descripción

LA DENSIDAD DE LOS ESPEJOS
Manuel Rico
Edición ampliada y difinitiva
Epílogo de Manuel Vázquez Montalbán
Madrid, diciembre de 2017
Colección Poesía, nº 21
92 páginas, 14 x 21 cm.
Rústica con solapas
ISBN: 978-84-947249-0-9
Precio: 10 euros (IVA incluido)

* * *

EL LIBRO:
(extracto)

Caminar entre espejos
que te deforman. No encontrarte en su fondo,
en su verdad inasumible. Contemplar, aterrado,
la tapia devastada por viejos temporales.
Ver el miedo temblar en esos labios
que apenas reconoces, el desgaste
que a la ropa contagian
las ciegas hendiduras de la piel
que construyen el tiempo
al que te ha conducido tanto octubre
apenas recordado,
tanto viento insumiso, tanta degradación
de la luz inocente del principio.

Desterrar el espejo, ¿es acaso posible?
A veces, en la noche,
esa ilusión te habita, es como si las sombras
te dejaran desnudo,
solo frente a la inteligencia, solo
frente al hondón de la memoria, atado
a tus terrores: solo contigo mismo,
sin la falsa celada del espejo,
sin el asalto de la edad, sin la certeza
de que nunca la vida será un juego
sin reglas conocidas: hermoso itinerario
hacia el fulgor oscuro
que, sin piedad, nos emborrona.

*

MAÑANAS DE CENIZA

Esas mañanas frías que dejan en la boca
un sabor a ceniza y a palabra incompleta
tienen en otro tiempo
su raíz y su ensalmo.
Recuerdo, en este día
de entoldado horizonte y viento oeste,
desde la casa de campo que el padre nos dejara,
mañanas parecidas: con aquellas maderas
que olían a resina y a campo todavía,
él construía hermosos utensilios
para el uso diario.
Cuando se fue al lugar
del viento que no vuelve, quedaron cual vestigios
de sus mañanas de artesano, mañanas apacibles
con sabor a ceniza y a palabra incompleta.

* * *

(del epílogo de Manuel Vázquez Montalbán):

No hay memoria personal sin subjetividad, pero no hay memoria personal orientada si no asume la Historia, incluso sin entusiasmo, porque tal vez pasaron los tiempos en que se asumía la Historia con entusiasmo. La Historia…, «… esa región terrible que extendieron los siglos / el fuego del origen, la huella o el estigma en que reconocernos. / Lefevbre, Pirenne, Hobsbawn y tantos otros / arañaron los muros que habían decretado / los propietarios de la muerte», la Historia tal vez aporte como mejor herencia la pulsión de buscar lo imposible para conseguir lo posible. El poeta, que ha comenzado su viaje ante el espejo traidor contándose su historia y que ha abordado la relación entre historia personal e Historia, llega a la asunción de su conciencia, es decir, de su consciencia construida como las esculturas y los poemas vaciando volúmenes, masas verbales, creencias…, «… gestos y palabras que hoy sientes inquilinas». El poeta-personaje que una noche de 1969 abandonó disidente el salón donde su padre contemplaba fascinado la llegada yanqui a la luna termina su relato casi refugiado en una casa de campo que fue el sueño de su padre…, «… custodiando los restos / de un universo roto por otras exigencias».